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Presentación del libro “Perón y los comunistas” de José Schulman

Presentación del libro “Perón y los comunistas” de José Schulman

Un encuentro de reflexión, debate y construcción política se dió en la Biblioteca del Centro de Estudios de las Madres “Maria Seoane”, con las exposiciones de José Schulman y Jorge Rachid. La actividad propuso recuperar la historia de las tradiciones populares y revolucionarias para interrogar el presente y, sobre todo, pensar colectivamente las herramientas necesarias para construir un futuro de mayor unidad, organización y soberanía.

Con una mirada profundamente política, pero también atravesada por la reflexión histórica y académica, el encuentro puso en discusión una pregunta central: ¿cómo pensar la unidad del campo popular sin borrar sus diferencias, sus experiencias y sus contradicciones? Lejos de esquivar los debates, las intervenciones plantearon la necesidad de asumirlos como parte indispensable de toda construcción transformadora.

José Schulman abrió su intervención recuperando uno de los ejes centrales de su libro: la relación entre las distintas tradiciones de la izquierda y el peronismo. En ese sentido, sostuvo que “la unidad de la izquierda peronista con la cultura de izquierda no peronista […] es tan necesaria para el peronismo como para la izquierda roja”. La afirmación funcionó como punto de partida para una exposición que recorrió distintos momentos de la historia política argentina y latinoamericana.

Para Schulman, pensar el peronismo implica necesariamente pensar la historia nacional. Y pensar esa historia supone también revisar las frustraciones, los límites y las decisiones que atravesaron al movimiento popular. Desde allí, propuso discutir críticamente las experiencias políticas de las últimas décadas y los problemas que surgen cuando las alianzas electorales no logran convertirse en verdaderas estrategias de construcción política.

Uno de los conceptos que atravesó su exposición fue precisamente el de unidad. No como una consigna abstracta ni como una simple sumatoria de fuerzas, sino como una construcción que requiere reconocer las diferencias y, al mismo tiempo, encontrar objetivos comunes. En su análisis de las experiencias históricas de la izquierda argentina, Schulman advirtió sobre los riesgos tanto de la subordinación como del sectarismo y planteó que el desafío constituye un problema del conjunto del movimiento popular.

“La construcción de los grandes frentes por la democracia nunca puede abdicar de la lucha reivindicativa”, afirmó, recuperando una de las enseñanzas que, según su lectura, deja la experiencia histórica del movimiento comunista. La frase condensó una preocupación que recorrió toda su intervención: la necesidad de que las grandes estrategias políticas no pierdan de vista las demandas concretas y las luchas cotidianas del pueblo.

En su exposición también apareció con fuerza la preocupación por las nuevas generaciones y por las formas contemporáneas de construcción del pensamiento. Schulman señaló que quienes militan y enseñan deben ser capaces, antes que nada, de escuchar. “Porque no se los escucha”, afirmó al referirse a los jóvenes. La reflexión abrió otra dimensión del debate: la necesidad de comprender cómo se forman hoy las subjetividades políticas y cuáles son las experiencias desde las que las nuevas generaciones interpretan la realidad.

En este punto, su planteo se vinculó con una preocupación más amplia por la construcción de pensamiento propio. Hacia el cierre, Schulman habló de un “sincretismo de subjetividades” construido históricamente a partir de la confluencia de pueblos originarios, negros, criollos, inmigrantes y distintas experiencias sociales que fueron dando forma a una identidad colectiva. Desde esa perspectiva, la construcción política latinoamericana no puede reducirse a modelos ideológicos rígidos: requiere recuperar la complejidad de nuestras propias experiencias históricas.

La intervención de Jorge Rachid tomó varios de estos interrogantes y los llevó hacia el terreno de la construcción política concreta. A partir de distintas experiencias latinoamericanas, particularmente del proceso mexicano, reflexionó sobre la necesidad de construir movimientos capaces de ampliar sus bases sociales y de incorporar sectores históricamente relegados.

Uno de los momentos centrales de su exposición estuvo marcado por una afirmación contundente: “identificar al enemigo. Robarle la agenda al enemigo”. Para Rachid, la disputa política también es una disputa por el sentido, por las palabras y por la capacidad de intervenir en la conciencia colectiva. La política popular, sostuvo, necesita recuperar iniciativa y construir una agenda propia que no quede subordinada a los términos impuestos por sus adversarios.

En esa misma línea, Rachid cuestionó la idea de limitar la unidad a acuerdos electorales. “Tenemos que tener capacidad de pensar en cómo tener […] unidad estratégica antes que unidad electoral”, afirmó. La propuesta plantea una discusión de fondo: no se trata solamente de coincidir en una elección, sino de construir una estrategia política capaz de sostenerse en el tiempo y de expresar una síntesis entre distintas tradiciones y experiencias.

El encuentro fue, así, mucho más que una exposición sobre historia política. Fue una invitación a pensar desde la militancia, desde la Universidad y desde la memoria colectiva. Un ejercicio de pensamiento crítico que reconoce que ninguna transformación profunda puede construirse sin debate, sin autocrítica y sin capacidad de aprender de las derrotas y las experiencias acumuladas.

Este espacio que se reconoce en la historia y en las luchas de las Madres de Plaza de Mayo, son estos debates los que adquieren una dimensión particular. Porque enseñar, investigar y producir conocimiento también es una forma de intervenir en la realidad. Y porque, como mostró este encuentro, recuperar la memoria política no significa mirar únicamente hacia el pasado: significa buscar en ella las herramientas para comprender el presente y organizar el futuro.

Las palabras de Schulman y Rachid dejaron planteado un desafío que excede a cualquier espacio partidario o sector político: volver a pensar qué significa construir unidad popular, cómo disputar el sentido común y de qué manera transformar las experiencias históricas en una estrategia capaz de abrir nuevos caminos.

En tiempos de fragmentación y de profundas disputas por el sentido de la política, el encuentro reafirmó una certeza: pensar también es militar. Y debatir colectivamente, escuchar las distintas voces y construir pensamiento propio constituye una tarea imprescindible para quienes siguen creyendo que la organización popular puede transformar la realidad. Tal como nos enseñaron Las Madres a lo largo de su lucha.

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